La Terapia Junguiana o el Analisis de Jung

La Terapia Junguiana o el análisis de Jung como también se le conoce, es un enfoque psicoanalítico que fue desarrollado por psicoterapeuta Carl Gustav Jung. Junto con Freud, Jung es considerado uno de los pioneros de la psicología profunda, sobre todo de la mente inconsciente.

Aunque Jung trabajó con Freud durante algún tiempo, se separaron debido a las diferentes teorías. Mientras que Freud afirmó que los sueños y el inconsciente son cosas personales contenidos dentro de un individuo, Jung creía que el inconsciente personal es sólo la capa superior del inconsciente colectivo mucho más profundo: lo incontrolable, parte heredada de la psique humana que se compone de arquetipos o patrones comunes para toda la humanidad.

En la terapia de Jung, estos patrones pueden explicar por qué tenemos hábitos que no se puede romper, como las adicciones, la depresión y la ansiedad. Por lo tanto, el enfoque tiene como objetivo analizar estos arquetipos con el fin de comprender mejor el ser humano. A través del proceso de auto-conciencia, la transformación y actualización, la Terapia Junguiana puede ayudar a las personas ver lo que está fuera de equilibrio en su psique. Esto es para darles la posibilidad de hacer conscientemente cambios que ayudarán a ser más equilibrados y completos.

Contenido

  • 1 Los arquetipos de Jung
  • 2 Introversión y extroversión
  • 3 Las funciones
  • 4 El método de Terapia Junguiana

Los arquetipos de Jung

Como se mencionó anteriormente, un aspecto clave de la psicoterapia de Jung es la comprensión de la relación entre el individuo y su psique al traer elementos de la misma en la conciencia. Jung afirmó que el inconsciente se expresa a través de arquetipos, que son proyecciones según él innatas entre las culturas y universalmente reconocidas y comprendidas. Es una forma de organizar cómo los seres humanos experimentan ciertas cosas y se evidencia a través de símbolos que se encuentran en nuestros sueños, la religión, el arte, etc.

A lo largo de la vida, se espera que estas expectativas arquetípicas interiores choquen con otras experiencias del mundo. Esto puede dar lugar a un conflicto interno a través de las inevitables las defensas del ego. Jung reconoció que el ego debe ser liberado de estos trastornos o complejos ” para que las personas que llevan una vida satisfactoria y significativa, en los que su energía puede ser objeto de un uso más productivo al servicio de la vida.

Aunque Jung creía que no había límite al número de arquetipos que pueda existir, identificó cinco más importantes dentro de todos los seres humanos.

1. El arquetipo materno

Todos nuestros ancestros tuvieron madres. Hemos evolucionados en un ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de ella. Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona cuidadora en nuestros tiempos de infantes indefensos. Está claro que somos “construidos” de forma que refleja nuestro ambiente evolutivo: venimos a este mundo listos para desear una madre, la buscamos, la reconocemos y lidiamos con ella.

Así, el arquetipo de madre es una habilidad constituida evolutivamente y dirigida a reconocer la relación de la “maternalidad”. Jung establece esto como algo abstracto, aunque todos nosotros proyectamos el arquetipo a la generalidad del mundo y al mismo tiempo a personas particulares, usualmente nuestras propias madres.

Este arquetipo está simbolizado por la madre primordial o “madre tierra”, por Eva y María en las tradiciones occidentales y por símbolos menos personalizados como la iglesia, la nación, un bosque o el océano. De acuerdo con Jung, alguien a quien su madre no ha satisfecho las demandas del arquetipo, se convertiría perfectamente en una persona que lo busca a través de la iglesia o identificándose con la “tierra madre” o en la meditación sobre la figura de María o en una vida dedicada a la mar.

2. Maná

Los arquetipos de Jung no son realmente elementos biológicos, como los instintos de Freud. Son demandas más puntuales. Por ejemplo, si uno sueña con cosas alargadas, Freud sugeriría que éstas representarían el falo y en consecuencia el sexo. Jung propondría una interpretación muy distinta. Incluso, el soñar con el pene no necesariamente implica una insatisfacción sexual.

Es curioso que en sociedades primitivas, los símbolos fálicos usualmente no se refieran en absoluto al sexo. Usualmente simbolizan el maná o poder espiritual. Esto símbolos se exhiben cuando es necesario implorar a los espíritus para lograr una mejor cosecha de maíz, o aumentar la pesca o para ayudar a alguien. La relación entre el pene y la fuerza, entre el semen y la semilla, entre la fertilidad y la fertilización son parte de la mayoría de las culturas.

3. La sombra

En este arquetipo se incluyen el sexo y los instintos. Deriva de un pasado pre-humano y animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción, de cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos.

Aquí se encuentra también el “lado oscuro” del Yo o nuestra parte más negativa y diabólica. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para obtener comida. Pero él no escoge ninguno de ellos. Simplemente hace lo que hace. Es “inocente”. Pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo animal nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado con un “basurero” de aquellas partes de nosotros que no queremos admitir.

4. La persona

La persona representa nuestra imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con el término persona y personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.

En su mejor presentación, constituye la “buena impresión” que todos queremos brindar al satisfacer los roles que la sociedad nos exige. Pero, en su peor cara, puede confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza. Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser.

5. Anima y animus

Este es uno de los arquetipos más prevalentes. Mientras que el ánima representa las cualidades “femeninas” de la psique masculina, el animus representa las cualidades “masculinas” en las mujeres. El análisis junguiano asume que todos los hombres tienen componentes femeninos en su psique y viceversa. También se cree que estos arquetipos son representaciones de nuestro verdadero yo – la ruta a nuestras almas – y la fuente de toda nuestra creatividad.

En el mundo occidental, sin embargo, siempre se ha considerado que las acciones realizadas por estos arquetipos hay que suprimirlas. Por ejemplo, los hombres han sido socialmente condicionados para frenar cualquier signo de feminidad, mientras que las mujeres se han llevado a creer cualidades masculinas son poco atractivas. Esto puede conducir a conflictos internos, que pueden limitar nuestro potencial. La terapia junguiana tiene como objetivo ayudar a las personas a aceptan su ánima / ánimus – uniendo a su inconsciente y consciente – para ayudarles a sentirse en conjunto. El ánima y el animus son los arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo en general y es importante llegar a contactar con él. Es también el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los Dioses nos quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo ánima o animus particularmente bien.

Introversión y extroversión

Jung desarrolló una tipología de la personalidad que se ha vuelto tan popular que mucha gente cree que él no hizo nada más. Esta empieza con la diferencia entre introversión y extroversión. Las personas introvertidas prefieren su mundo interno de pensamientos, sentimientos, fantasías, sueños y demás, mientras que las extrovertidas prefieren el mundo externo de las cosas, las actividades y las personas.

Estos términos se han confundido con vocablos como timidez y sociabilidad, debido en parte a que los introvertidos suelen ser tímidos y los extrovertidos tienden a ser más sociables. Pero Jung se refería más a cuán inclinados estamos (nuestro Yo) hacia la persona y la realidad externa o hacia el inconsciente colectivo y sus arquetipos. En este sentido, el sujeto introvertido es un poco más maduro que el extrovertido, aunque bien es cierto que nuestra cultura valora más al extrovertido.

Las funciones

Jung sugiere que existen cuatro maneras o funciones de hacerlo:

  1. La primera es la de las sensaciones. Supone la acción de obtener información a través de los significados de los sentidos. Una persona sensible es aquella que dirige su atención a observar y escuchar, y por tanto, a conocer el mundo. Jung consideraba a esta función como una de las irracionales.
  2. La segunda es la del pensamiento. Pensar significa evaluar la información o las ideas de forma racional y lógica. Jung llamó a esta función como racional, o la toma de decisiones en base a juicios, en vez de una simple consideración de la información.
  3. La tercera es la intuición. Este es un modelo de percepción que funciona fuera de los procesos conscientes típicos. Es irracional o perceptiva como la sensación, pero surge de una más compleja integración de grandes cantidades de información. Jung decía que era como “ver alrededor de las esquinas”.
  4. La cuarta es el sentimiento. Es el acto de sentir, como el de pensar. Es una cuestión de evaluación de la información. En este caso está dirigida a la consideración de la respuesta emocional en general. Jung le llamó racional; evidentemente no de la manera en que estamos acostumbrados a usar el término.

Todos nosotros poseemos estas funciones y las usamos en diferentes proporciones. Cada uno de nosotros tiene una función superior que preferimos y que está más desarrollada; otra secundaria, de la cual somos conscientes de su existencia y la usamos solo para apoyar a la primera. También tenemos una terciaria, la cual está muy poco desarrollada y no es muy consciente para nosotros y finalmente una inferior, la cual está muy pobremente desarrollada y es tan inconsciente que podríamos negar su existencia en nosotros.

La mayoría de nosotros sólo desarrolla una o dos de las funciones, pero nuestra meta debería ser desarrollar las cuatro.

El método de Terapia Junguiana

La Terapia de Jung es una terapia de conversación, pero hay varios métodos de exploración utilizados en todo el proceso. Éstas se aplicarán con mayor éxito si la relación entre el cliente y la escena como terapeuta está basada en la autenticidad, la confianza y una colaboración profesional entre iguales. La calidad de esta relación se asegura que los clientes se sientan cómodos para abrirse y explicar sus problemas, pues sienten que se les proporciona el apoyo y la seguridad necesaria para facilitar la conciencia, la auto-realización y la transformación que le ayudará a superar las dificultades que limitan su integridad psicológica.

A continuación se presentan algunas de las técnicas comunes utilizará un terapeuta de Jung. Estos se pueden adaptar a la persona y sus necesidades.

  • Análisis de los sueños: El análisis de los sueños de Jung se basa en la afirmación de que los sueños son “una anticipación en el inconsciente.” Ofrecen la información ego, consejos y críticas constructivas de nosotros mismos en una perspectiva alternativa, desafiando a nuestro ego a considerarlos. En última instancia nuestros sueños compensan las actitudes y comportamientos de una mala adaptación que están limitando nuestro potencial y es el objetivo de terapeuta de Jung para amplificar este proceso para ayudar a facilitar una transformación de la psique. Esto puede implicar el análisis de símbolos.
  • Prueba de asociaciones de palabras: También conocida como la “prueba de asociaciones libres” este método implica grabar el tiempo de respuesta promedio de un cliente para ciertas palabras-estímulo. Se le pide al cliente que decir la primera cosa que viene a la mente después de que como terapeuta digo algo. El tiempo de respuesta se utiliza para indicar complejos inconscientes activados relacionados con ciertas palabras de problemas.
  • Las actividades creativas: Otros métodos de Terapia Junguiana pueden incluir actividades creativas como la pintura, el teatro, la danza, la arena de juego, escuchar música y llevar un diario de sueño. Estos métodos de auto-expresión pueden ayudar a los clientes a participar con su imaginación activa y aliviar cualidades creativas internas que pueden ser inhibidos por los valores morales o éticos.


B I O G R A F I A
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Carl Gustav Jung nació en el mes de julio de 1875 en Kesswil, Suiza, en el seno de una familia muy religiosa. Fue un niño retraído y solitario, que se atravesó gran parte de su infancia sin poder relacionarse con hermanos o hermanas. En parte por este hecho, acostumbraba a jugar con elementos de la naturaleza y se servía de su imaginación para tejer extravagantes líneas narrativas acerca de todo lo que experimentaba.

Sin embargo, las asociaciones mentales insólitas y los simbolismos que poblaban la mente del joven Jung no limitaban su reinado a las horas que este pasaba despierto. Jung empezó muy pronto a tener sueños muy vívidos y con una fuerte carga simbólica. Y, como era de esperar de alguien que dedicó gran parte de su carrera a estudiar lo onírico, al menos uno de estos sueños lo marcó de por vida.

Cuando apenas contaba tres o cuatro años, Jung soñó que descendía por un oscuro agujero rectangular que parecía estar cavado en una pradera.

Al llegar al fondo del hoyo, encontró un arco del que pendía una cortina verde que parecía cerrarle el paso. Jung, movido por la curiosidad, apartó la cortina con un brazo para encontrar, al otro lado, algo parecido a la cámara real de un palacio, con techo alto y una alfombra roja que describía un camino hacia un lugar importante.

Todo empezó con un sueño

Al final de la alfombra, presidiendo la estancia, un impresionante trono real de gran tamaño, sobre el cual reposaba una criatura extraña: un monstruo con forma de árbol, consistencia de piel humana y sin más rostro que un solo ojo en la parte superior del tronco. La criatura permanecía inmóvil y ni siquiera daba muestras de reaccionar ante su presencia, y sin embargo Jung tenía la sensación de que en cualquier momento podía ponerse a reptar por el suelo y alcanzarlo rápidamente. En ese momento, oyó cómo su madre gritaba, desde la entrada de la fosa: "¡Míralo! ¡Es el comedor de hombres!"

En ese momento, "el puro terror hizo que el pequeño Carl se despertase". Muchos años después, ofreció una interpretación de este sueño basado en el simbolismo fálico del dios subterráneo y el del velo verde, que cubre el misterio. Y, aunque pueda parecer que experimentar esta especie de pesadilla suponga una experiencia muy desagradable, Jung llegó a considerar que este sueño fue su inicio en el mundo de los misterios, el estudio de la religión y los símbolos, y el funcionamiento de lo que más adelante sería llamado lo inconsciente por los psicoanalistas.

La predisposición hacia la espiritualidad de Jung

Este sueño, unido a la gran imaginación y curiosidad hacia temas abstractos que Jung tenía desde una edad muy temprana, hizo que experimentase cada vez más con las diferente maneras de acceder a lo divino y lo oculto, normalmente a través de pensamientos auto-inducidos.

El hecho de que en su familia existiesen tantas personas fuertemente relacionadas con el luteranismo y que su madre tuviese un comportamiento errático que parecía no responder del todo a lo que ocurría en el mundo de lo observable (ya que parecía pasar por episodios de disociación de la realidad), hizo que naciera en Jung una doble espiritualidad: una que era luterana y otra que se basaba en ideas más relacionadas con el paganismo.

Jung empezó a desarrollar una sensibilidad extraordinaria para relacionar entre sí sensaciones e ideas que aparentemente poco tenían en común. Este fue uno de los rasgos característicos que definieron la manera de pensar de Carl Gustav Jung tal y como lo conocemos hoy, y que lo llevaría a adoptar con facilidad los planteamientos del psicoanálisis.

El periodo universitario

Al llegar a su segunda década de vida, Jung se convirtió en un ávido lector. Se interesaba por muchos temas y encontraba en la lectura un excelente pasatiempo, de manera que cada vez que saciaba una serie de dudas sobre un tema le asaltaban otras tantas originadas en su nueva base de conocimiento. Además, le interesaba desarrollarse como persona en dos sentidos distintos: en los aspectos cotidianos o sociales y en los temas relacionados con los misterios de la vida. La lectura le permitió tener materia prima con la que trabajar para hacer progresos en ambos flancos, pero sus aspiraciones no llegaban a verse satisfechas nunca, lo cual lo movía a seguir investigando.

Una vez hubo llegado a la edad de ir a la universidad, Jung se decantó por estudiar medicina en la Universidad de Basilea, y así lo hizo desde el 1894 hasta el año 1900. Al terminar empezó a trabajar como ayudante en un hospital, y poco después se decantó por la especialidad de psiquiatría.

Ejerciendo en este ámbito, Carl Gustav Jung vio cómo era capaz de abordar a través de su propio trabajo los dos aspectos que le apasionaban: los procesos biológicos tratados en medicina y los temas psíquicos e incluso espirituales. Así, desde el año 1900 empezó a ejercer en una institución mental de Zúrich.

La relación entre Carl Gustav Jung y Sigmund Freud

Si bien la psiquiatría de la que partía Jung para trabajar en la clínica psiquiátrica proponía una visión materialista y reduccionista de la  enfermedad mental, nunca renunció a adoptar elementos y formulaciones provenientes del ámbito temático del espiritismo, la antropología e incluso el estudio del arte. Jung creía que no se podía entender la mente humana renunciando al estudio de los símbolos y su raigambre en la historia de la cultura humana, por lo que no compartía el enfoque de lo que hoy entendemos como psiquiatría.

Por lo tanto, Jung siempre se movió en la tensión entre lo material y lo espiritual, algo que le ganó no pocos enemigos en el mundo académico. Sin embargo, había un investigador de base filosófica materialista que le interesaba sobremanera, y su nombre era  Sigmund Freud.

La importancia del inconsciente y de los símbolos

No era de extrañar, dado el papel central que el concepto de "lo inconsciente" tiene en la teoría psicoanalítica de Freud. Jung coincidía con el neurólogo en que en el fondo de la psique humana habita un ámbito inaccesible por la consciencia que en última instancia dirige los actos y los pensamientos de las personas y cuya fuerza se expresa a través de impulsos primarios.

Jung y Freud empezaron a enviarse cartas en 1906, y un año después se conocieron en Viena. En su primer encuentro, según el propio Jung, estuvieron hablando unas 13 horas.

Más o menos a partir de su primer encuentro, en Viena, Sigmund Freud se convirtió en una especie de mentor para el joven psiquiatra, que ya se había interesado por el psicoanálisis desde hacía unos años. Sin embargo, y aunque los escritos sobre lo inconsciente y los impulsos fascinaban a Jung, no estaba de acuerdo en abordar todo el espectro de los procesos mentales y la psicopatología como si todo se fundamentase en funciones biológicas.

La discrepancia de Jung con el pensamiento freudiano

Esto le llevó también a rechazar la idea de que la causa de la patología mental se encuentra en procesos bloqueados relacionados con la  sexualidad humana (la llamada "Teoría Sexual" de Freud). Por eso, de un modo similar a como lo hizo el psicoanalista Erik Erikson, Jung tomó una gran parte de las propuestas del psicoanálisis de Sigmund Freud y le añadió el factor cultural en la ecuación, desplazando el protagonismo de los impulsos sexuales.

Jung, sin embargo, fue mucho más allá de las explicaciones materialistas, ya que sus escritos se adentran de lleno en explicaciones con un tono oscurantista, orientadas a explicar fenómenos de naturaleza espiritual que suelen abordarse desde la parapsicología y ciertos enfoques de la filosofía.

El inconsciente, según Jung

Jung creía que el retrato de la naturaleza de lo inconsciente que había realizado Freud estaba incompleto si no se le añadía un importante factor cultural. Sostenía que en la psique de cada persona individual habita, efectivamente, una parte muy importante que puede ser llamada "lo inconsciente", pero para Jung una parte de este inconsciente es, de hecho, una especie de "inconsciente colectivo" o memoria colectiva, algo que no pertenece sólo al individuo.

El concepto de inconsciente colectivo

Esta memoria colectiva está llena de todos aquellos símbolos y elementos de significación recurrentes que la cultura en la que vivimos ha ido tejiendo a lo largo de las generaciones. La memoria colectiva que describe Jung, por tanto, es un elemento que explica las semejanzas entre los mitos y símbolos de todas las culturas que estudió, por muy diferentes entre sí que parecieran ser.

Estos elementos recurrentes no existían sólo como un fenómeno a estudiar desde la antropología, sino que debían ser abordados por la psicología de la época, ya que las mentes individuales también operan basándose en estos esquemas culturales.

De este modo, la cultura y el legado cultural que se va transmitiendo de generación en generación permanece más o menos igual con el paso de los siglos, creando una base en la que la psique humana puede arraigar y añadir sobre ella aprendizajes basados en las experiencias individuales de cada uno. Estos aprendizajes y la manera en la que se realizan, sin embargo, estarán condicionados por el sustrato cultural de esta parte inconsciente de la psique.

Jung y los arquetipos

Así pues, para Jung una parte de lo inconsciente está compuesta por recuerdos heredados, la materia prima de la cultura. Estos recuerdos se expresan a través de lo que Jung llamó "arquetipos".

Los arquetipos son los elementos que componen la memoria colectiva, fruto de la transmisión hereditaria de la cultura. Estos arquetipos existen como plasmación en todos los productos culturales hechos por el ser humano (teatro, pintura, historias, etc.) pero también pertenecen al mundo invisible del inconsciente de cada persona, como si fuese algo latente. Como son elementos que se caracterizan por ser de transmisión hereditaria, son básicamente universales, y pueden ser encontrados bajo diferentes formas en prácticamente todas las culturas.

La producción cultural como elemento clave para entender la psique humana

Es por eso que Jung llamó la atención sobre el hecho de que para entender la mente humana también había que estudiar los productos de esta, es decir, sus producciones culturales. De este modo, Jung justificó la necesidad de poner en relación la psicología y la antropología, además del estudio de los símbolos empleados en ámbitos oscurantistas como el del tarot.

A través de los arquetipos, cuya etimología viene de lo que en griego antiguo se traduce como "modelo original", seríamos capaces de ver un atisbo de cómo nuestros antepasados comunes, los padres y madres del resto de las culturas, percibían la realidad. Pero, además, mediante su estudio podemos saber los mecanismos inconscientes mediante los cuales comprendemos y organizamos nuestra realidad hoy en día. Los arquetipos sirven, según Jung, para describir la orografía de naturaleza cultural sobre la que se fundamentan nuestras experiencias individuales.

Un legado muy variado

Jung propuso una manera de entender la psicología que en su día no parecía muy convencional, y que en la actualidad lo sería aún menos.

Era una persona con múltiples inquietudes, y la naturaleza de estas fuentes de interés no acostumbraba a ser fácil de describir con palabras. Su legado sigue especialmente vivo en el psicoanálisis, pero también en el análisis del arte e incluso en los estudios de tipo oscurantista.


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