Separarse incumbiria un noble acto de amor.

¿O acaso fue todo mentira?

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Por Psic. Miguel Rico Lopez


Namaste.


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Podríamos asegurar que difícilmente estamos preparados, por no decir consientes, para ese momento que parece lo peor (aunque a veces resulta ser lo mejor) donde la única decisión visible es la separación, y más aún si en la relación hubo hijos.

La confianza en los buenos momentos, puede resultar un engaño sutil, que en un cofre de cristal, nos lleva a la rutina y la monotonía y que en el momento “menos adecuado” nos hace pasar del todo al nada, y no observamos el posible daño a esos terceros frágiles… Nuestros hijos.

La sensatez nos dice que amar es también renunciar a las personas que hemos amado, querido y construido con dedicación, a pesar del inmenso dolor que su perdida representa?

“Esta mierda se acabó, o te largas o me largo”. Efectivamente esta frase en un momento de inconformidad puede representar un alivio temporal, aunque no te sientas en el más agradable de los momentos, y es, en ultimas una condena letal para los que en silencio, casi sin voz ni voto se quedan atrás desconsolados por la decisión de buscar un lugar con vientos mas tranquilos.

Y la pregunta es:

¿Qué paso con todos los momentos de gloria? ¿Acaso el color de rosa se agotó tan pronto? Todo eran detalles, buenas maneras, palabras bonitas, mensajes de amor, chocolates. ¿Y las promesas? ¿Era todo una mentira bien montada?

Llega en eso momento el rencor más bajo y miserable, y la grosería se apodera de lo que alguna vez mereció todo nuestro respeto, nos olvidamos de lo más básico, de lo mas elemental, no avivar el fuego que por demás, ya está muy quemante. ¿Y los hijos? ¿Acaso pidieron esto en sus vidas? ¿Se merecen esta crisis tan compleja? Hay que tener cuidado con esas marcas imborrables.

Si en una relación pudo construirse amor, ese amor debe ser garantía suficiente que permita dar cara sincera a las exigencias del presente. No podemos negar que las decepciones, fracasos, malas decisiones, metidas de pata, malas palabras, Etc., fueron abonando a la crisis actual y que ese hecho, torna al juzgamiento un atril voraz capaz de borrar de tajo los momentos maravillosos que se pudieron experimentar en los mejores instantes. Esos recuerdos, pueden servir de alivio…

Que los sentimientos cambien, se deterioren mutuamente o radicalmente desaparezcan, es cierto.

Es un hecho que los sentimientos y las momentáneas emociones sufran cambios con el tiempo, se deterioren e incluso se desvanezcan agregando motivos innecesarios para alimentar el dolor, la dificultad en la convivencia y todo este inmerecido escenario donde son los hijos, los que realmente pagan los platos rotos.


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Huir no es la mejor alternativa, pues sería como navegar en dos barcos diferentes en un océano repleto de las mismas dificultades; por eso la alternativa más saludable, es el diálogo y la transformación posterior de la manera como se ven las cosas. Si agotada esta instancia no hay solución viable, debe continuar el dialogo aun con la toma de caminos diferentes.

Es importante pensar en los hijos, ellos no son responsables de los actos inmaduros de papá y mamá. Si debe haber algún divorcio, que valga la pena el dialogo para construir en ellos, la capacidad para no perder el impulso vital.

Es una realidad que el amor puede transformarse en conductas egoístas, en miradas de desconsuelo, en palabras destructivas, en bofetadas emocionales… Tus hijos no son responsables de tu “fracaso” como pareja, solo desean no perder el apoyo de quienes un día decidieron traerle al mundo, y aunque no lo veas asi, ellos hacen parte de una familia conformada, no puedes ignorarlos.

Malas palabras, traiciones, madrazos, trampas, puñaladas traperas, enredos, chismes, calumnias, mala fama del otro, insidia, tramas vulgares y baratas, marrullerías, estafa, golpes inesperados, fullería… ¡Qué buena enseñanzas les dejaras! ¡Que buen curso de relaciones interpersonales podres aportarles! ¿Y a ti cuál de estas actitudes es la que mejor te sienta?

¿Hay alguna solución al respecto? ¿Qué puedes ofrecer a cambio?

 Es muy sencillo, quiero darte algunas ideas:

  • Estima, 
  • esmero, 
  • respeto, 
  • observancia, 
  • honorabilidad, 
  • cuidado, 
  • sutileza, 
  • apreciación, 
  • honradez, 
  • afecto, 
  • cumplimiento, 
  • disciplina, 
  • obediencia, 
  • paciencia, 
  • admiración, 
  • acato, 
  • arrumacos, 
  • buen gusto, 
  • entereza, 
  • insistencia, 
  • empatía, 
  • generosidad, 
  • renuncia a los hábitos destructivos, 
  • esperanza, 
  • tranquilidad…

En mis sesiones de terapia de familia, no hablamos de fracasos, hablamos de nuevas propuestas basados en observaciones reales y efectivas. Miramos las cosas como son y actuamos a favor de hacer que las cosas sean mejores, como queremos que sean, limpias, libres y constructivas.

No necesitamos ir más allá de lo “normal” entendemos el porqué de la dramatización frente a la separación y le restamos la injerencia negativa sobre sus vidas, nos entrenamos en el enfrentamiento positivo con los hijos, familiares, vecinos y amigos, y destrozamos los mitos que se interpongan en el camino… Le damos importancia a “lo que no tiene precio porque no hay quien lo tase”: el futuro de los hijos que sin más culpa que la de haber nacido, bajo la responsabilidad de personas en quienes podrían confiar* hacen parte de una guerra sin sentido en la que no pidieron participar y de seguro, podrán ser los más afectados y grandes perdedores. ¡Una terapia de pareja puede cambiar esa perspectiva!

Ofrece a tus hijos la oportunidad de rescatar el amor prometido…

¡Piénsenlo!

Psicólogo Miguel Rico 


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